A sus 21 años, esta estudiante de sexto semestre de Psicología combina su vocación clínica con el servicio en el restaurante familiar, su devoción mariana y una pasión musical que la llevó a brillar en la pasada fiesta patronal.
En el cuello de María Paula Velasco cuelga una pequeña medalla de la Virgen Milagrosa. Es de plata y fue un regalo de su madre; más que un accesorio, es el ancla de su identidad. Nacida en el tradicional barrio La Grama de Villavicencio, María Paula creció en un hogar donde el llano y el Tolima se funden: su padre, Moisés Velasco, es un llanero de cepa, y su madre, Luisa Oliveros, trae consigo la herencia tolimense.
Desde los 11 años, mientras otros niños jugaban, ella ya sentía una curiosidad inusual por el comportamiento humano. Quería entender el "porqué" de las acciones ajenas. Aunque en su etapa escolar en el Colegio Juan Pablo II soñaba con las luces del escenario como actriz y cantante, fue a los 16 años cuando esa sensibilidad social se transformó en una vocación clara: la Psicología.Sin embargo, no todo fue color rosa en la vida de María Paula, a sus 19 años tuvo un intento de suicidio con una sobredosis de barbituricos y antidepresivos, que la llevaron a valorar mucho más su vida y a mejorar mucho más la relación con sus padres.
María Paula quiere decirles a los que lean esta noticia que:“Cuando consumí los sobres, lo hice por una pelea fuerte que había tenido con mis papás, Le hablé a Dios y le pregunte si tenía algún plan pára mi. Tras este impase solo puedo decirles que el la música K-Pop me ha salvado con sus letras y mensajes y que fue esta mala decision la que me llevo a tener mucho más la sensibilidad con la música”.
Un día de múltiples facetas
La vida de María Paula es un ejercicio constante de equilibrio. Quienes la conocen en la Facultad, quizás no imaginan que, al salir de clase, se pone el delantal para ayudar en 'La Cocina de Lilica', el restaurante de sus padres, o que también dedica tiempo a su labor como niñera.
Esta disciplina nace de su fe. Integrante activa de la comunidad ‘Lazos de Amor Mariano’, María Paula entiende el servicio como una misión de vida. "Dios te formó para esto", afirma con una seguridad que contagia, atribuyendo a su espiritualidad la fuerza para cumplir con sus múltiples roles.
La revancha en 'La Voz Tomasina'
El 2025 dejó una espina clavada: no logró superar las eliminatorias del concurso de canto de la Universidad. Sin embargo, el destino tiene formas curiosas de manifestarse. Faltando apenas una hora para cerrar las inscripciones de este 2026, mientras escuchaba a su grupo favorito, BTS, decidió darse una segunda oportunidad.
Se inscribió con la canción, "Si una vez" de Selena Quintanilla. Cuando llegó el correo de aceptación, el grito se escuchó en toda su casa. Lo que siguió fueron semanas de preparación intensa junto a la profesora Karold de Bienestar Universitario, quien la ayudó a pulir su comunicación corporal y a conectar con el público de una nueva manera.
El día de la fiesta patronal y ante los imprevistos de sonido, María Paula hizo un viaje retrospectivo a su infancia: recordó cuando les cantaba a los peluches en su habitación. En esos cuatro minutos sobre el escenario, desbordó la pasión de quien lleva la música en las venas (toca piano, guitarra y cajón peruano). Aunque no se llevó el trofeo, se llevó algo más valioso: la certeza de que su proceso apenas comienza.

Con la vista en el horizonte
María Paula no se detiene. Ya tiene la mirada puesta en el concurso de 2027 y, en el ámbito profesional, proyecta sus posgrados en España, aunque con una promesa innegociable: regresar a Colombia para aplicar lo aprendido en su tierra.
Para las mujeres que, como ella, deben dividir su tiempo entre el estudio, el trabajo y los sueños, María Paula comparte tres pilares que le permiten no desfallecer:
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Priorizar: Saber qué es lo urgente y qué es lo importante.
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Organización: La clave para que el tiempo alcance para todo.
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Confianza en sí mismo: Entender que cada talento tiene un propósito mayor.

Al final del día, ya sea atendiendo una mesa en el restaurante familiar o analizando procesos mentales en un aula, María Paula Velasco sigue siendo la misma niña de La Grama que, aferrada a su medalla de plata, sabe que el éxito no es ganar un concurso, sino no dejar nunca de intentarlo.
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