Et tout le reste est littérature.
Art poétique, Paul Verlaine

Este boletín se deriva de la charla titulada «Retos y aprendizajes de la edición en tiempos de virtualidad», la cual se presentó durante la FILBo 2026. Foto cortesía de la Dirección de Comunicaciones, sede Bogotá.
El internet ha facilitado el diálogo entre los participantes de la cadena editorial. Ahora es posible que correctores, traductores y diagramadores trabajen en conjunto desde diferentes lugares. Asimismo, la distancia geográfica ha dejado de ser impedimento para que el lector acceda a libros editados en países que le resultan sumamente lejanos y que, de otro modo, jamás podría adquirir. Incluso, el surgimiento de plataformas de autopublicación, entre ellas Substack, demostró que sí es posible una producción y comercialización editorial autogestionada, al margen de las grandes empresas de edición.
Sí, cada vez es más fácil publicar. Sin embargo, y paradójicamente, cada vez es más difícil conseguir que una obra destaque entre la miríada de publicaciones lanzadas cada año. Los datos de Cámara Colombiana del Libro (2026) evidencian aumentos cuantitativos: año tras año se asignan más ISBN, lo que implica que se producen más libros. Empero, a ello subyace una realidad ineludible: muchas de las obras editadas terminan en el olvido, acaso recogiendo escombros y cenizas en repositorios institucionales o como trofeos en la vitrina solipsista e intelectual de los autores.
Esto lo debemos entender más allá de una lógica comercial, pues nos obliga a cuestionarnos de qué manera estamos concibiendo la edición. Me pregunto: ¿no será que estamos dejando al público por fuera de nuestro ecosistema? Y aquí quiero aclarar que el fin de estas divagaciones no es incentivar prácticas mercantilistas, en las que se escribe según la demanda del mercado. Al contrario, pretendo enfocarme en dos puntos: primero, no son muchas las personas a las cuales les interesa adquirir libros técnico-científicos (principal sector de las editoriales universitarias y que, además, representa el 29 % del total de ISBN asignados); segundo, algunas áreas de conocimiento cuentan ya con una gran cantidad de obras producidas y avaladas no solo por sellos de renombre, sino también por la aceptación y reconocimiento del público lector.
Todo lo expuesto se ve afectado por un nuevo problema, el cual ha ganado cada vez más relevancia: la irrupción de la inteligencia artificial generativa. Gracias a ella, la forma en la que escribimos, evaluamos y, en general, editamos libros ha sido modificada sustancialmente. La inteligencia artificial ha hecho más ágil el proceso de escritura, pero también ha trasladado parte del trabajo de los distintos actores hacia una caza de brujas: hay que señalar quién es el culpable de usar IA en su texto y lapidarlo. Las editoriales universitarias no tienen otra opción más que valerse de listados que supuestamente caracterizan cómo es la escritura hecha con IA o de programas de identificación de escritura mediada por dichas herramientas generativas.
Visto así, el panorama es más bien desolador. La producción editorial científica ha terminado sucumbiendo a dinámicas en las que los procesos se automatizan y el libro termina pensado como un producto que se debe escribir y publicar con prontitud —como si fuera comida rápida—. A su vez, su éxito debe medirse según el margen de ganancia generado. En dicha ecuación, reitero, estamos obviando al lector. Autores, correctores, diagramadores, editores e instituciones universitarias buscamos, más que tejer una obra de calidad, cumplir con exigencias y cronogramas poco realistas. Nada de eso sirve si al lector no le interesa leer el libro.
Quizá el desafío de las editoriales universitarias no deba simplificarse a responder cómo publicar más libros, sino, por el contrario, lograr que las obras publicadas merezcan ser leídas. Si esa sigue siendo nuestra responsabilidad, como lo ha sido siempre, entonces la edición trascenderá su perspectiva de proceso técnico y mercantil: será un compromiso con la calidad, la pertinencia y la legitimidad del conocimiento que decidimos poner en circulación.
- El recomendado del mes
En estos días comienzan los preparativos para los veinte años de la USTA en Villavicencio. Por eso, quiero recomendarles, a propósito de la historia de la seccional, una obra que se publicó este año y tuvo la fortuna de hacer parte de la agenda FILBo 2026: Trayectorias de la Facultad de Ingeniería Civil de la USTA Villavicencio en los Llanos Orientales, la cual pueden consultar en el siguiente enlace del repositorio institucional: http://hdl.handle.net/11634/71940
Redacción
Julián Laverde Restrepo
Coordinador Editorial USTA Villavicencio






